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miércoles, 24 de octubre de 2007

Democracias

Mañana, en Medialab Prado vamos a tener una tarde intensa dedicada a la Democracia, o más bien a las democracias.
A la hora de hablar de lo común, se hace inevitable hablar de la democracia, por ser supuestamente nuestro poder como pueblo y nuestro régimen, parece. Hemos hablado a lo largo de esos encuentros que sea del laboratorio del Procomún o del ciclo “El Procomún o las nuevas miradas a lo común” del Estado, de esta entidad que asumimos entre nosotros, gente viviendo en España reunido en Medialab Prado, como democrática. Lo consideramos a menudo como un ente negativo, un ente superfluo, oculto, corrupto, inadecuado, o a volver a definir, pero todavía no se dijo que papel se le quería dar. Lo que es cierto es que la pérdida de confianza en el Estado, por ser aquí, (España), llamado “democrático”, ha provocado una pérdida de confianza en el sistema político es decir la democracia. No vamos a entrar en sabias distinciones entre el régimen y el ente, y si el ente ha pervertido el régimen o al revés, como se suele hacer entre Stalin y Lenin para justificar el fracaso en URSS del comunismo.
La desconfianza y la inadecuación, entre la manera como nos considera el Estado, es decir como ciudadanos desencarnados, olvidados, ignorados, desdeñados, manipulados y engañados, y la manera como las evoluciones de la sociedad actual nos ha individualizado, llevan al cuestionamiento de la democracia como sistema verdaderamente bueno, o más bien, nos conduce a saber si este régimen en cual vivimos es verdaderamente una democracia. Invocar su universalidad es obviamente un pretexto absurdo de quién quiere justamente proteger el statu quo. La forma actual de régimen político que aproximativamente tenemos en occidente no tiene por que ser ni universal ni perfecta, y la prueba está en la desconfianza, en el alejamiento de las poblaciones de los procesos delegativos, y en los varios síntomas que los medias y los partidos políticos, que sean los poder o los de la oposición, estigmatizan como siendo las consecuencias del fin de los valores...
Pero la desconfianza viene del descubrimiento de que el Estado, y bien puede encarnarse actualmente en una parte específica del mundo en una democracia, actúa a favor de un grupo reducido de personas e intereses, y en absoluto a favor de los que constituyeron el pueblo, y que constituyen actualmente una agregación de individuos poco caracterizada fuera de ser considerados como consumidores.
Mañana parece entonces que se trata de cuestionar la democracia, y de pensar en otra democracia, en una democracia adaptada.
El título de la conferencia de Ignacio Sotelo y el comentario de su texto que se ha publicado en la página web de Medialab Prado es una manera de sugerir que no existe la democracia en si, y que la democracia ateniense directa, sin limitaciones a la libertad de los “ciudadanos” realidad de la cual estan excluídos esclavos y mujeres, es un tipo de democracia como lo es la democracia actual representativa donde el papel y el poder del ciudadano son muy reducidos y se encuentran además limitados por un aparato legislativo que no existía en la democracia ateniense. Ademas el autor pone en relieve que no existe relación entre los dos régimenes, que la democracia actual no es hija de la democracia ateniense. Lo que parece significar que la democracia ateniense fue una forma adecuada, hasta que se caiga, a la sociedad de la época ateniense, cuando la que tenemos, representativa y regulada con sufragio universal correspondió a otro tiempo y otra sociedad.
Pero ya no a nuestro tiempo ni a nuestra sociedad.
No vamos a describir la situación: la velocidad, los cambios, las tecnologías, un sistema capitalista avanzado, el aumento del control de las poblaciones, el desarrollo de un discurso del miedo, el crecimiento de la pobreza mundial, las guerras, las posibles enfermedades...
Pero el caso es que no veo, y claro que no soy la única, porque el régimen político, al igual que otros elementos fundamentales considerados siempre como intocables, la Escuela, el Arte..., deben quedarse como en el siglo XIX!
Y entre otras propuestas de nueva democracia, existe la posibilidad de una democracia participativa no exclusiva, es decir que se puede convivir con otros tipos de democracias. Está constituida por procesos de aprendizaje y producción de conocimiento colectivo que realmente hacen participar a la gente. ¿Pero quien es esa gente? ¿Son ciudadanos? ¿Son individuos? ¿Son usuarios? Son afectados.
Es decir que son individuos que se agregan a otros por ser afectados. La palabra “afectado” puede también estar entendida como “concernido”. Al asociarse y al integrarse en el proceso de producción del saber a través del diálogo, -lo que la vuelve más cercana a la democracia ateniense que a la democracia actual con el uso de la conversación en el ágora para elaborar la decisión política, ver Aux origines de la pensée grecque de Michel Vernant- esas individualidades se identifican como colectivo, durante el tiempo de la producción y de la toma de decisión... La identidad del afectado es temporal, y las identidades que constituyen a una persona pueden ser en la democracia participativa múltiples y cambiantes. La construcción del saber ya no está dejada a un grupo de expertos, a investigadores cortados de la sociedad y a menudo apoyados y apoyando al sistema actual, sino que dentro de un proceso inventado, no de consultación sino de participación, todos contribuyen a la producción del conocimiento. La invención de esta democracia técnica viene de la desconfianza que apuntamos, y de la imposibilidad de gestionar las incertidumbres fundamentales con la teoría de la “sociedad de riesgo”, que permite justificar en su conjunto la falta de ética, la debilidad de la ciencia, la corrupción e la inacción. Al contrario, se deben gestionar a partir del principio de precaución, que permite medir las decisiones, prever y restablecer la confianza social en lo científico y lo político. La separación entre ciencia y sociedad se debe superar gracias a formas de participación que permitan la construcción de conocimientos colectivos, entre científicos y afectados, cuyo conocimiento empírico es real y sus análisis muy finas, por ser vividas, y así se recupera la subjetividad como herramienta de conocimiento.
Estas soluciones, la de los “foros híbridos” de Michel Callon, son soluciones paliativas a las insuficiencias y engaños de la democracia actual, o por lo menos del Estado en general. Lo que significa dos cosas fundamentales: ¿Serán medidas temporales que permitirán acabar con la corrupción del aparato del Estado actual, pero que entonces no condenan en sí el modelo político actual? ¿Por lo tanto, una vez el estado de confianza restablecido que serán de esas medidas? ¿Se buscaria una forma política más permanente?
Y la segunda pregunta aún más importante es: ¿A quién se debe dar el poder en esta democracia participativa? ¿Cuales son los órganos que deben asegurar el funcionamiento de esta democracia?
Tenemos claro que resulta totalmente imposible dejar el poder a la figura política del Estado, y aún más a las personas físicas que lo constituyen. Hay que generar entonces una organización horizontal donde cada uno se turne y asume una función para la colectividad, donde procesos de producción de saber, de aprendizaje y de decisión hacen participar las individualidades según una de sus varias identidades que corresponden a las afecciones que “padece”. ¿Realmente este sistema puede convivir con el sistema actual de democracia representativa?
Es volver a la pregunta, ¿Realmente el sistema de procomún puede convivir con el sistema propietario?

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